¿Por qué todos los católicos deberíamos invertir?

¿Por qué todos los católicos deberíamos invertir?

“El dinero es la raíz de todos los males”, dice la famosa expresión. Y si vemos cómo ha actuado el ser humano a lo largo de la historia, podríamos confirmar que es cierto.

La fiebre del oro y el mito de “El Dorado” que llevó a la muerte y esclavitud de muchos durante el siglo XVI, la explotación masiva del caucho y el marfil en el Congo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la especulación por el deseo de tener más que llevó a la Gran Depresión y el Crack de 1929, y más recientemente la avaricia que llevó a la creación de productos financieros basura lo que resultó en la crisis financiera del 2008.

Pero, ¿qué tienen en común todos estos eventos? Pues que el dinero per se no era el problema, sino la codicia humana que convierte el dinero en un fin absoluto por encima de la ética, la empatía y la vida. De hecho, la expresión original proviene de la Biblia; del Nuevo Testamento, en la Primera Epístola a Timoteo, capítulo 6, versículo 10 (1 Timoteo 6:10) para ser exactos y dice:

​"Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores."

Dicho de otra manera, lo malo no es el dinero, sino el concepto que tengamos del mismo y el lugar que ocupe en nuestras vidas.

Toda esta introducción busca dejar claro que, aunque invertir involucra dinero, deberíamos ver la inversión como algo que va más allá del simple hecho de acumular riquezas personales. Es a esto a lo que nos invita nuestra querida Iglesia Católica, basada siempre en la palabra de Jesús y las enseñanzas obtenidas de ella que han sido condensadas en la Doctrina Social de la Iglesia.

Mensuram Bonam: Un punto de partida y una llamada a la acción

Mensuram Bonam es el documento creado por la Iglesia Católica y publicado a finales de 2022 para acompañarnos a todos los inversores y como una llamada a la acción hacia una inversión basada en la fe.

Para mí, fue el documento que me abrió los ojos y la mente con respecto al impacto de mis inversiones, al mismo tiempo que despertó mi deseo de compartir mis aprendizajes con tantas personas como me fuera posible, incluyéndote a ti. 

Por eso te invito a que sigas leyendo mientras doy lo mejor de mí para responder la pregunta que titula este artículo usando el aprendizaje obtenido de este y otros documentos que he estado estudiando en meses recientes, así como mis propias experiencias durante 6 años como inversor.

¿Qué involucra invertir?

Por una parte, invertir involucra comprar algo bajo la premisa de que su valor aumentará en el tiempo y así podremos obtener un beneficio en el futuro. Sin embargo, como explicó el Papa Francisco en su Carta Encíclica Evangelii Gaudium,

“comprar es siempre un acto moral y no simplemente económico”. 

Por otro lado, invertir es para muchos un trabajo. Pienso en gestores de carteras como yo, gestores de patrimonios, asesores financieros, entre otros actores de los mercados de las finanzas. 

Este aspecto laboral de las inversiones es muy relevante, ya que a la luz del Concilio Vaticano II, todo trabajo es considerado como una oportunidad para poner en práctica el discipulado en la vida cotidiana.

Benedicto XVI escribió que:

"la actividad empresarial tiene un significado humano, anterior al profesional",

por lo que

"son necesarias tanto la competencia profesional como la coherencia moral”.

Para los católicos, invertir puede considerarse una vocación, porque es una capacidad heredada de Dios para prever, mitigar y resolver creativamente las vulnerabilidades de las criaturas.

En este punto te puedes estar preguntando: ¿Cómo invertir puede prever, mitigar y resolver las vulnerabilidades de las criaturas? Créeme, yo mismo me hice la pregunta.

Lo cierto es que cuando invertimos (acciones;ETFs) estamos comprando una parte de la(s) empresa(s), con lo que nos hacemos partícipes de su actividad global como negocio. Esto es muy importante tenerlo en cuenta como católicos, ya que puede convertirse en algo muy positivo o, por el contrario, algo lamentablemente negativo.

Sobre el impacto de nuestras inversiones

Quiero comenzar esta sección con una frase del Papa Francisco que me marcó:

"Debemos superar la confusión entre fines y medios, de tal modo que se piensa que el único criterio de actuación en los negocios es la maximización del beneficio."

Esta simple explicación de la diferencia entre fines y medios nos tiene que motivar a pensar si realmente estamos buscando algo más que ese beneficio máximo a la hora de invertir. También debemos preguntarnos: ¿estoy ejerciendo mi vocación, aplicando la capacidad heredada de Dios para prever, mitigar y resolver creativamente las vulnerabilidades de las criaturas?

De igual manera, si no invertimos y no propiciamos el acceso a la inversión para nuestro prójimo, ¿estamos usando los talentos que Dios nos ha dado para el bien común?

Lo último es lo que me llevó a escribir este artículo que ahora lees.

La Doctrina Social de la Iglesia sitúa a la persona humana en el centro de todos los sistemas mundiales de pensamiento y actividad mediante los principios de dignidad, los derechos humanos, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y la participación, y el destino universal de los bienes de la tierra. 

Además, los Papas Benedicto XVI y Francisco nos han dejado nuevos elementos de enseñanza social para iluminar las realidades actuales con la luz de la fe viva. Los conceptos de sostenibilidad, ecología integral, justicia social, atención a los pobres y cuidado de nuestra casa común se han identificado como puntos críticos de referencia de los discursos de la Iglesia sobre cuestiones contemporáneas.

Mensuram Bonam nos enseña que:

“El retorno de la inversión contribuye materialmente al desarrollo integral.”

Es por esto que si invertimos, utilizando una inversión basada en la fe, seguramente lograremos un impacto muy positivo a través de nuestras inversiones. Y ayudar a otros a invertir y facilitar el acceso es igual de importante.

Citando al CEO de BlackRock, Larry Fink, y su última carta a los inversores:

“La gran mayoría de las riquezas ha fluido hacia las personas que poseían activos, no personas que ganaban la mayor parte de su dinero trabajando.”

También escribió que

“una gran parte de la ansiedad económica actual proviene de un sentimiento más profundo de que el capitalismo está funcionando—solo que no para suficientes personas”.

Y quizás la cita más relevante para este texto que te comparto:

“La inversión a largo plazo realiza una especie de milagro cívico. Cuando las personas invierten sus ahorros—a lo largo de décadas, no días—los mercados capitales ponen ese dinero a trabajar, financiando empresas, infraestructura y trabajos. Y cuando ese ciclo ocurre en tu país, tu futuro y el de tu nación se conectan. Tú ayudas a financiar su crecimiento. Tu nación ayuda a financiar el tuyo.”

De esta manera, nuestra inversión basada en la fe nos lleva a formar parte de este ciclo en el que, mientras más personas participen de igual manera, más oportunidades de crecimiento tendremos. Más trabajo, mejor infraestructura y mayor crecimiento para todos, cumpliendo así los principios antes descritos.

Por supuesto, también existe la posibilidad de tener un impacto negativo. Si alguna empresa en la que invertimos desarrolla operaciones poco éticas, nosotros también seríamos partícipes de dichas operaciones. Por ejemplo, una empresa que explota a sus empleados no sería la mejor inversión para lograr el crecimiento común del que hablábamos, y mucho menos para cumplir con los principios de dignidad, derechos humanos, bien común, entre otros.

Aunque suene extremo, cualquier católico podría pensar que en ese caso sería mejor no invertir y problema resuelto. Así nos ahorramos el gran trabajo de tener que estar siempre al tanto de las decisiones y operaciones de cada empresa en la que invertimos, y no caemos en la posible falta de apoyar actividades que vayan en contra de nuestros principios. ¿Cierto?

Pues la verdad es que si no invertimos, aun teniendo la posibilidad, fallamos ante el principio de la prudencia al no cuidar los bienes y el patrimonio de nuestra familia. También fallamos en propiciar la creación de trabajos, mejoras de infraestructura y actuamos en contra de los principios de la subsidiariedad y de la participación.

Por todo esto, he decidido crear este espacio para compartir todos mis aprendizajes y experiencias como inversor católico. La idea es que, contigo y muchos católicos más, se convierta en una gran comunidad para crecer juntos en tan importante tarea, especialmente en los tiempos que vivimos.

Para ayudarte a empezar, he creado un diagnóstico financiero que, con 3 simples preguntas, nos ayudará a entender si ya estás listo para invertir o necesitas atender algunos asuntos financieros previos. No te preocupes, en cualquier caso yo estaré ayudándote y acompañándote en este camino. Puedes acceder al diagnóstico en el botón que te dejo aquí:

Y si quieres ayudarme mientras cumples con el principio de participación, puedes también compartir este artículo para que más personas puedan acercarse a las inversiones basadas en la fe.

Muchas gracias y hasta la próxima.

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